Antes de escribirnos conviene aclarar algunos puntos que suelen generar dudas. No son condiciones comerciales ni promesas de durabilidad: son definiciones prácticas sobre cómo tratamos el cuerpo de madera, la pieza de grafito y el mecanismo metálico, y hasta dónde llega nuestra intervención cuando algo se desgasta.
Sobre la pátina y el oscurecimiento
La madera sin barniz cambia de tono con el roce de los dedos y la luz. Ese oscurecimiento progresivo no se considera un defecto ni un motivo de sustitución: forma parte del envejecimiento normal del material recuperado. Si prefieres un tono más claro, una capa muy fina de aceite de linaza lo atenúa, pero no lo revierte del todo.
Reparación frente a reemplazo
Cuando una pieza se suelta, la lógica es conservar lo que sigue sirviendo. El mecanismo metálico se cambia por uno idéntico si deja de sujetar la mina; el cuerpo de madera se mantiene mientras no presente fisuras estructurales. No reemplazamos cuerpos por manchas superficiales, rebabas leves ni variaciones de color.
Alcance de las instrucciones incluidas
Cada unidad llega con una tarjeta que describe los pasos de mantenimiento y el lote de madera del que proviene. Esa tarjeta cubre limpieza, sustitución de la mina y desmontaje final. No incluye pautas de reparación del mecanismo ni indicaciones para intervenir el grafito con herramientas: esas operaciones quedan fuera de lo que podemos orientar a distancia.
Uso intensivo y expectativas realistas
El grafito grueso y el ensamble metálico están pensados para escritura continua, pero ningún objeto de uso diario dura indefinidamente. La madera puede agrietarse si se expone a humedad sostenida o a cambios bruscos de temperatura, y eso no lo cubrimos como garantía. Preferimos decirlo antes que prometer un resultado que no podemos sostener.