Cada pieza que sale de nuestro banco de trabajo empieza mucho antes de tomar forma: comienza en la madera con certificación FSC que otros talleres descartan, en recortes que se seleccionan por veta, humedad y densidad, se secan al aire y se estabilizan sin aditivos sintéticos. Después llega el torneado, el fresado de secciones sencillas, la inserción de la mina de grafito y el control de concentricidad y alineación. No hay pegamentos permanentes ni revestimientos de origen fósil, así que cada componente puede separarse al final de su vida útil y volver al ciclo como astilla o como materia prima de nuevas unidades.
Cada lote que sale del taller deja un rastro claro: qué madera entró, cuándo se mecanizó y cuántas piezas se cerraron. Estas son las fases que se repiten, en orden, desde la llegada del material hasta el registro final.
Llegan los restos de talleres de segunda transformación con certificación FSC. Se separan por veta, se mide la humedad y se descartan las piezas con grietas internas antes de apilarlas.
La madera reposa ventilada hasta que pierde el exceso de agua de forma lenta. No se fuerzan secados artificiales ni se aplican aditivos sintéticos: el material se ajusta solo.
Se mecanizan secciones sencillas, sin revestimiento plástico ni barniz de origen fósil. El lijado es manual y el pulido se hace con cera vegetal para conservar el tacto de la madera.
La pieza de grafito se inserta como mina gruesa y se fija con un mecanismo metálico que permite avanzarla y sustituirla al agotarse. No hay pegamentos permanentes: cada componente se puede separar.
Se mide concentricidad, alineación de la mina y resistencia del ensamble. Cada lote guarda origen de la madera, fecha de mecanizado y número de unidades. Los recortes sobrantes vuelven como astilla para compost o como materia prima de nuevas piezas.
Antes de hablar de etapas conviene fijar el terreno. Lo que se describe aquí es la fabricación de un cuerpo de madera recuperada con certificación FSC y una mina de grafito gruesa, unidos por un mecanismo metálico que se puede desarmar. Cuando decimos recuperada nos referimos a recortes de taller y sobrantes de segunda transformación, no a madera talada para este fin. Cuando decimos reutilizable hablamos del conjunto: la pieza se recarga y se conserva, pero el mecanismo y la mina tienen un desgaste real que conviene reconocer desde el principio.
Sobre la procedencia
Cada lote conserva un registro con el origen de la madera, la fecha de mecanizado y el número de unidades. No todas las piezas salen idénticas: la veta, el tono y el peso varían según el recorte del que provienen, y eso forma parte del material, no es un defecto.
Sobre el alcance
No hay pegamentos permanentes ni revestimientos de origen fósil, así que los componentes se separan al final de su vida útil. Los recortes que sobran vuelven al ciclo como astillas. Lo que no prometemos es una duración infinita ni un resultado uniforme entre series: el objeto se mantiene durante años, pero se mantiene con cuidado.